Dictis de Creta

El hombre que estuvo en la guerra de Troya

Todos creían que la guerra de Troya era un mito, una genial historia producto quizá de la fantasía de Homero, el poeta que habría inventado el primer conflicto mundial con personajes cuyo origen se había perdido en las arenas del tiempo; se trataba del inicio para la épica, tal vez era un puñado de leyendas compendiadas entre el Peloponeso y ese cercano oriente tan esotérico y enigmático, donde deidades como la profusa Diana efesina o Cibeles de Frigia se mezclaban con el panteón helénico regido por el impredecible e irascible Zéus -por esa época Tinia en la península itálica-.

Un buen día, Heinrich Schliemann sorprendió al orbe cuando descubrió la legendaria ciudad en la colina de Hisarlik en Turquía; el mítico lugar finalmente existía.

Sobre la historia de Troya existen varias fuentes alternas como Lesques de Lesbos, Proclo, Dionisio de Alicarnaso, Stazio y Pausanias entre otros; los cronistas bizantinos Giovanni Malala y Giorgio Cedreno siempre consideraron como la fuente histórica por excelencia de este evento a Dictis cretense, un capitán en el ejército del rey de Creta -Idomeneo- que debió participar en la expedición a Troya encabezada por Agamenón y otros soberanos griegos.

La versión del relato que ha llegado hasta nuestros días es de Quinto Septimio, un ciudadano romano que vivió durante el siglo II de nuestra era -hay un papiro documentado alrededor del 170 d.C.- el cual, traduce y redacta la aventura de Dictis en un estilo muy alineado con las reglas dictadas por Luciano de Samosata -quien tomó como modelo a Tucídides por su erudición y neutralidad en narrar la guerra del Peloponeso-.

  • Rampa de entrada a Troya II.

La emoción de Nerón y las dudas de Mommsen

Según la carta que Septimio envía a Quinto Aradio Rufino, durante los tiempos de Nerón, en la ciudad de Cnosos -Creta- hubo un terremoto que derrumbó algunas ruinas antiguas; en un sepulcro que colapsó fue encontrada una caja de estaño que contenía rollos de tilo con escritos en fenicio; estos fueron consignados al gobernante local, un tal Prassi, quien decidió ofrecerlos como obsequio al emperador romano. Nerón, conocido por su filo-helenismo, ordenó la traducción en griego para mantener el espíritu helénico del texto; ante la magnitud de lo que el hallazgo significaba, le colmó de dones y otorgó la ciudadanía romana.

Mommsen siempre creyó que se trataba de un trabajo ficticio elaborado por algún autor bizantino; no obstante, Dictis tendría su reivindicación cuando fueron descubiertos los papiros de Tebtynis y Oxirrinco que contenían fragmentos anteriores en griego atribuidos al militar cretense -previamente solo existía la traducción latina de Septimio-.

Darete Frigio, Manasse y Ciriaco de Ancona basan sus noticias sobre Troya en el escrito de Quinto Septimio, denominado por él en latín “Ephemeris Belli Troiani”. Existe una compleja discusión entre filólogos e historiadores con respecto a si Septimio resumió o tradujo enteramente los libros de Dictis; es una polémica que sólo con el advenimiento de nuevos documentos podría ser resuelta. Quién sabe si en los archivos vaticanos o algún monasterio donde hubo transcripciones de copistas, exista una versión completa en griego; mientras, debemos conformarnos con el trabajo de Septimio.

Recientemente la editorial Bompiani publicó todos los textos disponibles sobre la aventura de Dictis -en su colección del Pensamiento Occidental-. La edición dirigida por Giovanni Reale es un océano de conocimiento sobre las distintas versiones del escritor cretense y, por ende, otras exégesis que contrastan a Homero.

Paris el maleante

Septimio nos cuenta que Dictis fue experto en la lengua fenicia -en ese tiempo los griegos utilizaban ese alfabeto para redactar sus escritos- y era hombre de confianza del rey Idomeneo en Creta cuando este fue llamado a la guerra. En el texto, Dictis nos habla en primera persona sobre lo ocurrido durante 10 años que duró el conflicto y la suerte de los principales personajes.

Príncipe Paris con manzana por H.W. Bissen, Ny Carlsberg Glyptotek, Copenhague.

Al inicio, todos los reyes de Grecia se reúnen en Creta para determinar los pasos a seguir por la afrenta del príncipe troyano y Helena; en lo primero que difiere con Homero es la ausencia de intervención divina en los actos humanos, Dictis adjudica las acciones de la guerra a razones económicas y reflexiona sobre las debilidades y defectos de los protagonistas.

Cuando Alexandros -Paris- aprovecha la ausencia de Menelao para huir con Helena, sustrae una considerable cantidad de riquezas dentro del palacio en Esparta; Dictis explica que el monarca espartano estaba más molesto por la ofensa frente a sus parientes y el asunto de los bienes robados; así mismo, en el periplo de retorno a Troya, el hijo de Príamo pasa por Sidón y a traición asesina al rey fenicio con el fin de robar sus haberes; tras el magnicidio, debe huir con sus hombres en las propias embarcaciones.

Príncipe Paris con manzana por H.W. Bissen, Ny Carlsberg Glyptotek, Copenhague.

A diferencia de Homero, Dictis destaca la figura de Palámede, alguien que el sumo poeta griego considera como personaje marginal en su obra. Se cree que Homero buscó ensalzar la figura de Ulises y anular a Palámede; al ser su protagonista en la Odisea, debía omitir a una figura que ensombrecía en integridad e inteligencia al héroe de Ítaca. 

Los papeles trasmutados de Antenor y Ulises

Cuando Dictis llega con el ejército cretense a Troya, es Ulises mismo quien le relata las últimas andanzas de Paris con Helena. Tanto Odiseo, Palámede y Diómedes son los embajadores que visitan a Príamo para negociar la devolución de las riquezas y restitución de la reina. Este rechaza el petitorio y de no ser por la intervención de Antenor -una especie de canciller troyano- hubiesen sido asesinados por órdenes del monarca frigio.

Debemos recordar que Antenor es tradicionalmente considerado el gran traidor de los troyanos al convencerles de aceptar el caballo de madera; de hecho, Dante llama “Antenora” a la sección del noveno círculo del infierno donde están aquellos que fueron desleales a su patria. En Dictis, Antenor es descrito como la única persona culta y cívica de los troyanos.

Quizá el más cuestionable de los héroes griegos para Dictis es Ulises, el cretense nos cuenta que ante la superioridad de Palámede -quien llega a tener temporalmente el mando de los ejércitos griegos a causa de la debilidad de Agamenón por no querer sacrificar a su hija Ifigenia para aplacar una peste- decide asesinarlo con Diómedes; después de apuñalarlo lo arrojan en un pozo. De la misma manera, cuando roba el Paladio junto a Diómedes, Agamenón debe decidir a quién entregárselo; lo contienden Ayax y Ulises, el soberano de Micenas decide aplazar la entrega dándolo en custodia a Diómedes y al día siguiente, el rey de Salamina -Ayax Telamonio- amanece muerto en su tienda; había sido atravesado por una espada. Ante el execrable suceso, Odiseo debe huir por la animadversión que generó en las tropas de los aliados griegos.

Odiseo y Diomedes robando el Paladio. Cerámica de figuras rojas de Regio de Calabria (360 - 350 a. C.) Museo del Louvre (París).
Odiseo y Diomedes robando el Paladio. Cerámica de figuras rojas de Regio de Calabria (360 – 350 a. C.) Museo del Louvre (París).

La traición y asesinato de Aquiles 

El rey de los mirmidones y primo de Ayax es también considerado por Dictis como el más grande de los guerreros griegos en el conflicto; no obstante, la forma en que acaba con Héctor es en una emboscada que tiende al héroe troyano; luego, se enamora perdidamente de Polisena -hija de Príamo- cuando esta llega junto a sus padres al campamento del pélida a suplicar por el cuerpo del mayor y mejor de sus vástagos. Aquiles concede y recibe dones del monarca troyano, entregándolos inmediatamente a Polisena como una especie de dote matrimonial.  

Dictis nos relata que las tropas griegas empezaron a sospechar de Aquiles, que al parecer, consideraba retirarse de la guerra y eventualmente pasar al otro bando a causa de Polisena. 

Aprovechando una tregua, Hécuba, esposa de Príamo, conspira con Paris invitando al héroe heleno al templo de Apolo Timbreo -en las afueras de Troya- el fin era concretar el compromiso con Polisena. Al encontrarse dentro del santuario con los miembros de la familia real troyana, es apuñalado por Paris y su hermano Deifobo. Ulises y Diómedes le encuentran moribundo y evitan que su cadáver sea profanado por los teucros.

Detalle de una miniatura del Caballo de Troya, de un manuscrito de Virgilio y Pseudo-Ovidio, Italia (Roma), entre 1483 y 1485.

La caída de Troya

Al enterarse de lo acaecido con Aquiles, los troyanos Eneas y Antenor se indignan por la falta de escrúpulos en sus príncipes y el irrespeto al dios solar; es entonces que deciden iniciar tratativas con Agamenón para la consigna de la ciudad. Troya había perdido entre otros a Héctor, Paris, Troilo, Memnone el etíope y Pentesilea -la aguerrida reina de las amazonas-. La situación de los dos héroes troyanos es presentada como “in extremis” ante la terquedad y codicia de Príamo. Con la complicidad de Teano -esposa de Antenor- sacerdotisa del templo de Pallas Atenea; Ulises y Diómedes roban el Paladio, acción que desmoralizó a la ciudad, pues existía una leyenda que afirmaba la invencibilidad de Troya si la pequeña estatua no era removida del templo de la diosa. 

En asamblea pública Príamo es convencido de buscar un tratado con los griegos para terminar el conflicto; mientras, los hijos de Helena y Paris mueren en un accidente por la caída de un techo en el palacio -esto es percibido en la corte como un mal presagio para Troya-. Príamo, finalmente celebra el acuerdo de paz con los griegos representados por Diómedes, Ulises, Idomeneo, Ayax Telamonio, Néstor, Merión, Toante, Filoctetes, Neptolemo y Eumelo; el soberano troyano desembolsó una ingente cantidad de oro y plata, rogó a los griegos que la reina espartana no sufriera alguna represalia tras ser devuelta y se comprometió a efectuar pagos anuales durante diez años como reparación de guerra.

Eneas y Antenor desarrollaron un plan con los griegos para concretar la caída de la casa de Príamo, el desgaste del monarca frigio hacía insostenible su permanencia en el poder; el proyecto implicaba la construcción del famoso caballo de madera -encomendada a Epeo- como un don a Atenea en agradecimiento por la conclusión de la guerra; Dictis nos cuenta que por el tamaño de la ofrenda, deciden romper una parte de la muralla y hacerle entrar; el militar griego con ironía dice que esos muros, que resistieron durante siglos, fueron abatidos por los mismos ciudadanos de Troya, para su desgracia. 

Los griegos habían quemado sus tiendas de campaña y fingieron la partida, en realidad estaban ocultos en una isla cercana; al anochecer, aprovechando el descuido de los troyanos y la abertura en su muralla, tomaron la ciudad; asesinan a Príamo y sus hijos, Polisena es decapitada por Neptolemo -hijo de Aquiles-, Casandra es destinada a Agamenón -conmovido por su belleza- y Hécuba se convierte en esclava de Ulises. 

Cumpliendo con el acuerdo, Agamenón y su Consejo dejan a Antenor y Eneas como regentes de la ciudad, al poco tiempo surgen conflictos entre ambos y es cuando el ancestro de Rómulo y Remo debe partir con sus hombres a buscar nuevas tierras.

Casco espartano – Museo de Arte de Cleveland, Ohio, US.

La muerte de Agamenón y Ulises

Clitemnestra, esposa de Agamenón, al enterarse que este casi asesina a su hija Ifigenia en un sacrificio a Artemisa y había sostenido relaciones con Casandra, decide asesinarlo; el átrida llega victorioso a Micenas y es víctima de Egisto -el amante secreto de su esposa-. Cegado por la ira, Orestes, hijo de Agamenón, acaba con la vida de su propia madre y el nuevo esposo. Tras un rito de purificación por sus terribles actos, gobierna Micenas. 

Ulises efectivamente combate con Polifemo; sin embargo, lejos de ser un monstruo, es un gobernante famoso por su gran ferocidad; en el transcurrir de su viaje de retorno, tiene relaciones con Circe -hija del rey Atlante- y engendra un hijo que llaman Telégono; quien al crecer, asesina a Odiseo sin saber que era su padre -en este pasaje es imposible no hacer un paralelismo con Edipo-.  

Ulises que ya conocía su destino por un oráculo, había decidido apartar de sí a su amado Telémaco, creyendo que sería responsable de su muerte; por tal razón, cuando agonizaba, se sentía feliz porque había librado a su querido hijo de la maldición que significa un parricidio; el rey de Ítaca, nunca imaginó que se trataba de Telégono -al que solo conoció de infante-.

En la versión de Darete Frigio, al darse cuenta de la identidad del occiso, Telégono decide desposar a Penélope para encargarse de ella y sus hijos; Telémaco hace lo mismo con Circe.

Ulises y Telémaco matando a los pretendientes de Penélope, 1812, Thomas Degeorge, Clermont-Ferrand, Musée d’art Roger Quilliot
Ulises y Telémaco matando a los pretendientes de Penélope, 1812, Thomas Degeorge, Clermont-Ferrand, Musée d’art Roger Quilliot.

Sin lugar a dudas es fascinante la posibilidad que alguien presenciase la guerra de Troya y nos relate de primera mano lo que ocurrió en ese legendario evento. ¿En realidad fue así? Nunca lo sabremos; Schliemann confirmó la existencia de la ciudad y estudios posteriores evidenciaron restos de un grave conflicto que tuvo lugar allí.

La versión de Dictis convenció a los bizantinos por la lógica que utiliza al describir a los personajes y sus mundanas motivaciones, el hincapié en los detalles bélicos le catalogan como un hombre de guerra escribiendo un diario; esperemos que en el futuro la arqueología y un poco de suerte nos entreguen más datos sobre este encantador personaje.

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