Cuando te quedas sin narrativa

En sociedades tribales que aún poseen el “pensamiento mágico” donde la lógica es binaria, los sistemas se basan generalmente en un libro, circulan mitos y prejuicios que se conservan con la autoridad ficticia de órdenes adscritos.

Empero, el cambio siempre llega; un ejemplo claro ocurrió en el medioevo cuando el humanismo sustituyó a la doctrina teocéntrica que atrasó por siglos el progreso humano. La reforma protestante alemana es un producto del renacimiento florentino.

Ese cambio tiene lugar cuando las sociedades experimentan una apertura por inmigración o avances tecnológicos. Las élites económicas e intelectuales se convierten en el mecanismo que provoca estas mutaciones evolutivas hacia un mayor progreso social.

Guatemala es un anacronismo viviente, donde convive el pensamiento mágico trenzado con la tecnología de punta. El vejamen a través de rumores que responden a narrativas de un statu quo que se niega a ceder, es la reacción típica de “ancien régime” que buscan perpetuar condiciones.

Las iglesias neopentecostales lejos de ser ese revulsivo intelectual que aquí se necesitaba, se constituyeron en otra alternativa mágica para justificar la miseria de la gente pobre. Razonar tu situación personal por la voluntad del “amigo que me ama” en vez de cuestionar las causas del país que tenés, es algo muy cómodo para un establishment que ha sido calificado como el más conservador de América Latina.

Es conveniente que Dios esté con los prósperos y tu precariedad tenga motivos ultramundanos en vez de cuestionar los factores que ocasionan el infortunio diario que te toca. El conformismo es un fármaco infalible. Para los que están en el vértice de la pirámide, la zona de confort se justifica con esa teología de la prosperidad; tan opuesta a las palabras que atribuye a su fundador: “Más fácil es que pase un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios”. Quizá por oponerme a los monopolios, prefiero el politeísmo antiguo que genera una sana competencia entre dioses, algo que da ventaja al rey del mercado teológico: el simple mortal y por antonomasia de concepto disipa los fanatismos. El agudo Nietzsche decía en el “Ocaso de los Ídolos” cuando entre los dioses uno se creyó el único, los demás se murieron de risa.

La preservación del orden establecido entró en directa colisión con la lucha contra la corrupción, pues esta es la savia del sistema político vinculado a ciertos estamentos del sector privado. Algo que fue ocultado a costa de nuestro desarrollo.

Las narrativas locales, tan contradictorias, finalmente van cayendo con la objetividad de los hechos; es entonces que los órdenes establecidos sucumben tarde o temprano. La última que acaba de derrumbarse es que la lucha contra la corrupción tenía un ingrediente ideológico, algo que se convirtió en la apuesta del gobierno con el apoyo de la alianza evangélica, algunos cachurecos rematados y aquellos que ven afectados sus intereses.

Tras la captura del fundador y líder del movimiento Semilla, la supuesta izquierda aportó ya una valiosa pero dolorosa cuota al país, pues con ello la narrativa del “paracuandismo” se desintegró.

El pensamiento mágico de quienes adversan el cambio, deberá buscar nuevas representaciones mentales para rescatar una situación que se hizo insostenible, sobre todo ante la comunidad internacional. El remanente y precario dispositivo del nacionalismo jamás ha cuajado en el imaginario social, porque fue desarticulado por el propio establishment a través de los años.

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