Izquierdismo en la derecha y conservadurismo en la izquierda

“De hecho, la codicia subvirtió a la lealtad, probidad y otras virtudes; en vez de ello se mostró la arrogancia, crueldad y descuido hacia los dioses, la opinión general fue una venalidad universal. La ambición indujo a muchos hombres a volverse engañadores, a celar en el íntimo una cosa y expresar otra en los labios, a valuar las amistades y enemistades no según la verdad, sino en base al propio interés; a tener bueno más el aspecto que el ánimo. Males que en un principio fueron castigados, luego, cuando el contagio se expandió como una peste, la ciudad se transformó…La avaricia, como impregnada de venenos maléficos, enflaquece ánimos, no conoce límites, no está jamás saciada, no se atenúa ni en la abundancia ni en la penuria”. Esto escribía Salustio hace dos mil años, pareciera que se subió a una máquina del tiempo, se dio una vuelta por Miwate en estos días y regresó a escribir la introducción de su conjura.

El escándalo de Mynor Moto es el nuevo cenit del sistema corrupto, nos deben aquellos que gritaban ¡Soberanía! A la vez que disimulaban ante la vergonzosa firma del Tercer País Seguro.

Estas son las aporías aquí, así es la élite culpable de estos números de órdago ‑tenemos nuevo récord en el índice de países corruptos‑. Cuando me refiero a élite hablo de derecha e izquierda; una “crony-derecha” que descaradamente pide subsidios al Estado, financia con fondos públicos defensas del sector y soborna corruptos para luego escandalizarse por la situación del país. Exige al gobierno estándares noruegos, pero busca pagar menos impuestos que en Haití. 

Por otra parte, hay quienes abanderan la defensa de derechos humanos, se autoproclaman representantes de la sociedad civil y por la noche se acuestan con socios vinculados a militares condenados por crímenes de lesa humanidad, cantan al son de los Guaraguau pero actúan en el sistema bancario peor que los estafadores de cuello blanco en Wall Street.

De esa manera, vemos como nadie hizo algo por César Montes -pese a que resolvió no pocos conflictos a finqueros encopetados- y recuerdo el silencio ensordecedor cuando planteamos el cese de la devolución del IVA con tasa “0” para exportaciones -el gurú económico de los progres en ese tiempo, se hizo el loco ante ese expolio del Estado y años después era procesado por el Transurbano-.

Supuestos libertarios han tenido sueldos en el Estado y no pagan impuestos, otros en ínfulas de paladines de derechos humanos hacen berrinches mediáticos con pitos, pero atrás se dan la mano con el establishment para mantenerse en su zona de confort.

La decencia no tiene ideología y la corrupción tampoco; basta integridad e inteligencia para alcanzar acuerdos entre polos opuestos, conozco a varios de todos los sectores que buscan un cambio real; el verdadero problema es que, protegiendo los esqueletos en el closet, nadie puede pactar en términos de país.

En esta dinámica, aquí la derecha se izquierdiza y la izquierda se torna reaccionaria. El asunto reside en este gattopardismo tropical tan conveniente para la prevalencia del statu quo.

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