El origen de la dictadura

La dictadura es una magistratura creada durante la república romana, duraba 6 meses y se recurría a ella en tiempos de crisis. Los cónsules que ostentaban el cargo durante un año eran removidos y el Senado elegía al dictador para solucionar un grave problema.

La primera fue asignada a Manio Valerio en el 398 antes de Cristo, el dictador tenía a disposición 24 lictores -que en realidad fungían como guardaespaldas- quienes portaban los “fascios” que eran haces formados con bastones de madera, ligados con tiras de cuero y un hacha fijada en la parte superior. El símbolo representaba a uno con la fuerza de todos “pluribus unum”.

Dictadores hubo virtuosos como Quinto Fabio Máximo cuando Aníbal asoló Italia, posteriormente esta magistratura inició su desgaste con Mario y Sila, llegando a su desnaturalización en la figura de César. Durante el imperio cayó en desuso debido a la mutación del sistema donde los gobernantes acumularon mayor poder a través de dos magistraturas: la “tribunicia potestas” y el “imperium” sobre determinadas legiones.

La dictadura retornó en el siglo XX cuando Mussolini a través del irredentismo se convirtió en el primer ministro más joven de Europa; nombrado jefe de un partido-milicia fundado por él mismo, el “Duce” declaraba que el estado liberal había sido superado y el parlamentarismo con diputados electos democráticamente estaba virtualmente muerto. Con Mussolini nacía el dictador moderno.

Hitler fue su más ferviente seguidor y ya sabemos como terminaron ambos; aquí en América, Ubico mandaba a hacer sus botas a la misma fábrica en Alemania donde las elaboraban para el “Fuhrer”. Proliferaron en Latinoamérica Perón, Stroesnner, Pinochet y Medici en Brasil.

Los dictadores latinoamericanos debieron ceder a la ola democrática que se extendió a lo largo y ancho de subcontinente a finales de los 80; no obstante, la tentación del absolutismo se trasladó de los militares a civiles, revelándose como un virus irresistible que carcome el sistema inmunológico-político de los gobernantes.

La disolución de los parlamentos fue inaugurada con Alberto Fujimori, el hartazgo de la clase política y la corrupción hicieron surgir peligrosos populistas que encarnan ese asqueo que la población siente de la cosa pública; hasta los estadounidenses vieron amenazado lo que siempre han considerado como su acrisolado sistema de gobierno, cuando lo impensable ocurrió con la toma del Capitolio por parte de una turba dirigida por el demagogo Trump.

Ahora es el turno de El Salvador, donde un carismático joven disolvió la Sala Constitucional ante el deterioro de los partidos tradicionales.  Tras arrasar en las elecciones congresiles, Bukele ha instrumentalizado su amplia mayoría para cumplir una agenda personal.

Todos los dictadores inician muy bien y terminan muy mal, los pesos y contrapesos son fundamentales para que los gobernantes mantengan los pies en la tierra. Aquí se fuerza el sistema de tal manera, que se reúnen las condiciones para el advenimiento de un Leviatán que podría salir peor que la enfermedad.

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