Parresía

La parresía era la facultad que tenían ciertos personajes en la Grecia clásica y luego Roma de hablar libremente ante los poderosos sin temor a sufrir algún tipo de consecuencia sobre su integridad personal; aún cuando fuese contra un monarca o jefe de turno. En la Atenas pericléa era pilar fundamental para el ciudadano junto a la isegoria -libertad de palabra- e isonomía -derecho de todos a ejercer el poder-.

Si bien, primero fue un derecho ciudadano en el ágora ateniense del siglo IV, con la desaparición del régimen democrático subsiste como una calidad para filósofos y pensadores. Es claro que muchos potentados no soportaron los embates de los parresiastas políticos y posterior a sufrir una humillación, decidieron eliminarles por recriminar vicios, defectos y errores.

La escuela Cínica tuvo grandes exponentes de la parresía; Diógenes se hizo célebre cuando tomando sol respondió “apártate que me haces sombra” en el momento que Alejandro Magno inquirió si podía hacer algo por él.

Aristófanes, Sócrates, Platón y Aristóteles fueron parresiastas que no siempre las tuvieron consigo; Dionisio que al principio estimaba al autor del Timeo, se hartó de este cuando empezó a señalarle sus disparates en Siracusa.

Horacio gozó de gran libertad poética permitida nada menos que por Augusto; Ovidio en cambio, no tuvo tanta suerte con Octaviano y fue condenado al exilio por el primer emperador romano.

Los padres de la iglesia sitúan a Cristo en un acto típico de parresía cuando es conminado por Poncio a hablar libremente sobre la verdad -un topos platónico cuya fabricación pudo ocurrir en el seno de la escuela alejandrina-. Filóstrato nos cuenta algo similar con Apolonio de Tiana confrontando a Domiciano, que tras condenarle, se ve increpado y luego atestigua el desvanecimiento del taumaturgo frente a todo el auditorio.

Foucault desarrolla un estudio muy interesante al respecto y gracias a él, occidente recupera el origen e importancia de este término retórico tan incómodo para muchos gobernantes.

Cuánto y de qué manera necesitamos -más que nunca- a los parresiastas para que emasculen los delirios de tantos orondos que no conocen límites; presidentes y magnates rodeados de sicofantes que al unísono encomian cualquier estupidez, no en balde, se dice que Miwate es la tierra de los intermediarios y genios -siempre y cuando el zalamero siga la narrativa, será genio de lo que hace e intermediario de una grey rentada para determinada agenda-.

Como consuelo de tontos, no solo aquí estamos fritos con los sicofantes, todos vimos el rostro del Dr. Fauci cuando Trump hablaba estupideces del virus y los beneficios de la hidroxicloriquina, mientras, las rémoras celebraban sus insulseces.

En estos tiempos de tanta desinformación y mediocridad, muchos pudientes buscan socavar los contrapesos y accountability remplazándolos con tropeles de mediocres a sueldo que no se ruborizan en hacer el ridículo; uno de estos histriones acaba de proclamar la superioridad moral de Guatemala sobre Estados Unidos.

Así las cosas…

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