Los 50 años de la familia más rutilante del cine

Si dicen que el teatro es hijo predilecto de la literatura, entonces el cine es bastardo del teatro; no obstante, este hijo no reconocido en un principio, puede producir verdaderas obras de arte y una de sus predilectas cumplió la semana pasada 50 años. El Padrino es uno de esos rarísimos casos donde la película supera al trabajo literario; Francis Ford Coppola alcanzó la inmortalidad recreando y elevando esta producción de Mario Puzo, quien elaboró a don Corleone como personaje tributario de Carlo Gambino, Salvatore Lucania -Lucky Luciano- y Salvatore Maranzano; este último, quizá fue al que más se asemejó la personalidad de don Vito, pues era el más respetado capo di tutti capi y creó la estructura jerárquica de las cinco familias en New York -tras un legendario banquete-.

El eufemismo de la película perfecta lo encontramos en El Padrino: guion, dirección, actuación, cinematografía y música; uno de sus grandes secretos es esa mezcla perfecta de hechos reales con la ficción de una historia magistralmente narrada. Sub tramas como el relato de Johnny Fontaine -la puesta en escena de un pasaje en la vida de Frank Sinatra- cohabitan con una lucha de poder comparable con la dinastía Julio-Claudia en La vida de los doce Césares; no por casualidad, en El Padrino II Frank Pentangeli afirma que la familia Corleone era como el Imperio Romano.

Suele suceder que la realidad supera a la ficción, en este caso, el capo Rusell Bufalino -relacionado con la desaparición de Jimmy Hoffa- presionó a Coppola para que contratara a Al Martino en el papel de Fontaine; es decir, acaece lo mismo que en el rol del personaje.

La muerte de Bugsy Siegel a manos de Lucky Luciano por el imperio de Las Vegas, es una parte descrita en el asesinato de Moe Green; en ese orden de ideas, en la parte 2, el triángulo que forma la presencia mafiosa en Cuba, las audiencias en el Congreso y la vida del joven Vito Corleone; es simplemente maravilloso.

La tercera parte ha sido últimamente rehabilitada; la trama surgida entre el asesinato de Juan Pablo I y su conexión con el banco Ambrosiano está muy bien lograda; de la misma forma, el final de la hipérbole en la vida de Michael Corleone con las arias de Mascagni como mar de fondo, la convierten en una operática tragedia.

La participación de Brando, Pacino, de Niro, Caan, Duvall y John Cazale es quizá la mejor alquimia actoral de todos los tiempos; respecto a Cazale, mi buen amigo Arnoldo Gálvez apuntaba que pese a su corta carrera como intérprete, lo hizo en cinco obras maestras: El Francotirador, Tarde de Perros, La Conversación y ambos Padrinos.

El fenómeno que significa la trilogía de El Padrino es un activo cultural de la humanidad, sus aforismos inspirados en obras como los Discursos a la primera Década de Tito Livio, la solidez en el resto de actores secundarios como Lettieri, Castellano, Shire, Keaton, Vigoda, el gran Lee Strasberg o Michael V. Gazzo; otorgan una calidad insuperable a esta mónada del celuloide que sigue fascinando a las generaciones que entran en contacto con ella.

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