Saturnales 2

El año pasado, mi artículo alegórico a estas fechas lo titulé “Felices Saturnales” y relaté como una fiesta dedicada a Saturno debió cristianizarse por su popularidad en Roma. En un principio se celebraba el 17 de diciembre y al poco tiempo llegó a durar hasta una semana, pues en origen, Saturno era el dios de la agricultura en la “religio” arcaica y fue en su honor la celebración del solsticio de invierno.

Como son tiempos de solaz y buenas intenciones, he decidido reproducir una muy pequeña parte del libro “Saturnales” del insigne Macrobio, que nos describe la reunión de un grupo de amigos –senadores romanos la mayoría– durante esas fiestas. La data de la obra nos sitúa a finales del siglo IV de nuestra era –algunos la ubican exactamente en el 395–.

Sus líneas parecen ser una máquina del tiempo que nos transporta a un evento durante la decadencia de la Roma pagana, un convite distendido alrededor de vino y buen comer, donde se discute historia, gramática, poesía, política y religión; que humaniza a personajes muchas veces distantes en la actualidad por su peso histórico.

Este grupo representa los últimos estertores de la erudición antigua y parece constituirse, en una especie de obertura hacia el oscurantismo que cubriría a occidente durante el siguiente milenio.

A continuación un extracto del libro II que inicia con esta sentencia: “17 de diciembre, en casa de Vetio Agorio Pretextato. Por la tarde”.

“Donaires y dichos de personajes ilustres”. Quinto Agorio Pretextato –Procónsul en África y pontífice de Vesta–: “Quiero contarles el dicho de un enemigo, pero de un enemigo vencido y cuya memoria evoca el triunfo de los romanos. El cartaginés Aníbal, exiliado junto al rey Antíoco, tuvo una ocurrencia muy ingeniosa. He aquí tal ocurrencia. Antíoco hacía alarde, en una planicie, de las numerosas tropas que había aprestado con la intención de guerrear contra el pueblo romano, ordenaba maniobrar al ejército, que resplandecía con las insignias de oro y plata. Hacía también desfilar frenos y gualdrapas, que refulgían a causa de los collares y ornamentos. El rey, ufano ante la contemplación de tan poderoso e imponente ejército, se vuelve hacia Aníbal y le pregunta: ¿Crees que todo esto será suficiente para los romanos? Entonces el cartaginés, burlándose de la ineptitud para la guerra de los soldados de Antíoco, ricamente equipados, dice: Si, creo que esto será suficiente para los romanos, por muy codiciosos que sean. No es posible, formular una respuesta tan ingeniosa y mordaz.

Evángelo relata: En casa de Lucio Malio, considerado el mejor pintor de Roma, se hallaba comiendo Servilio Gémino, cuando éste ve que los hijos de su anfitrión eran feos, dice: ‘Malio, no esculpes como pintas’ y Malio responde: ‘En efecto, esculpo a oscuras, pinto a plena luz’.

A continuación, dice Eusebio : Demóstenes, atraído hacia la fama de Laide, cuya belleza admiraba entonces Grecia, acudió para disfrutar también él de su famosa pasión. Pero cuando escuchó que el precio de una sola noche era medio talento, se marchó con este sarcasmo: ‘“Yo no compro tan caro un arrepentimiento’”.

Símaco –célebre por la polémica con San Ambrosio a causa del Altar de la Victoria–: “Cicerón comía en casa de Damasipo, este había servido un vino mediocre y decía: ‘Prueba este falerno, tiene cuarenta años’ entonces Cicerón: ‘“Se nota, lleva bien su edad”’.

El mismo Cicerón, un día que vio a su yerno Léntulo, hombre de corta estatura, armado con una gran espada, preguntó: “¿Quién ató a mi yerno a una espada?”.

¡Felices Saturnales!

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