Cuando la indolencia es por ignorancia

Quizá lo que más ha generado anticuerpos contra el presidente Jimmy Morales en la tragedia de las menores en el “Hogar Seguro Virgen de la Asunción” no fue que el sistema del Estado para la protección a los menores fuese inoperante y cargado de vicios, que van desde mala estructura y servicios, hasta abusos contra menores por parte del personal a cargo. Lo que más insulta, fue la reacción y comportamiento del mandatario, que lejos de mostrarse empático en primer término con lo ocurrido, demostró que el evento no revistió importancia personal para él.

Guatemala es un país donde convivimos diariamente con el ángel de la muerte, todos de una manera u otra hemos estado relacionados con algún deceso violento; esa cotidianidad ha provocado que muchos pierdan la sensibilidad respecto a ese tipo de hechos e incluso, que sean populares monstruosidades como ejecuciones extrajudiciales desde el Estado, para solucionar problemas delincuenciales. La pérdida de sensibilidad sólo se interrumpe cuando alguien cercano muere de esa manera. Este es el resultado de habitar en una de las 10 metrópolis más violentas del planeta.

El mandatario Jimmy Morales, reprodujo ese comportamiento típico del ignorante ante el dolor humano, que por no afectarle directamente, simplemente le es indiferente y como mecanismo de defensa en este caso, se valió de esa formación maniquea típica de corrientes neo-pentecostales presentes en algunas iglesias, responsabilizando a las familias de las menores que perdieron la vida al fallarles como hogar; soslayando el dato incontestable que estaban bajo la responsabilidad de una institución a su cargo.

Morales es el típico clase mediero urbano, que en sus programas de televisión se burla del indígena, ve al marero como escoria que debe ser arrancada de tajo y como mandatario comparte esta visión con su primer anillo de poder. Por ello, cuando la tragedia rondaba ya las 21 muertes, nunca le pasó por la mente cancelar una inauguración que tenía en Sololá y apersonarse en el lugar.

El presidente no se pronunció durante todo el día, por la tarde, su vocero en una desafortunada declaración expresó que el mandatario no había emitido opinión porque “debía atender temas de agenda nacional”.

Morales finalmente reaccionó hasta en la noche y lo hizo de una manera deplorable, pues buscó en todo momento deslindarse de responsabilidades al respecto. En un comunicado de prensa de la presidencia, se mencionó que por no haberse efectuado un traslado de jóvenes en conflicto con la ley, ocurrió el incidente; no obstante, después se supo que ninguna de las víctimas tenía esa figura legal.

Fue cínico culpar a otros de lo que ocurría en una institución bajo su tutela, sobre todo cuando hubo numerosas denuncias interpuestas por la Procuraduría de Derechos Humanos y se estableció que la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia, apeló sentencias para investigar a los monitores de la entidad por abusos y malos tratos a los menores.

Tras el aumento del número de víctimas y la presión en medios y redes sociales, el mandatario tardíamente reaccionó y en una entrevista de CNN finalmente reconoció la responsabilidad del Estado. En dicho programa, Morales utilizó tácticas antaño conocidas y practicadas sobre todo en los 80, alargando sus respuestas para evitar las repreguntas del entrevistador, pretendiendo no escuchar las réplicas y explicando innecesariamente las funciones de cada institución con tono muy pausado -para dejar transcurrir el tiempo del segmento-. Válido pero no ético.

Hasta ese momento, el presidente manifestó que el Secretario de Bienestar Social le había presentado su renuncia y que su destitución era inminente, aún cuando dijo por la mañana que no lo removería; en cualquier país civilizado del planeta, hubiese sido el primero en ser separado.

Así mismo, el presidente fue advertido telefónicamente por un policía la noche antes sobre un posible evento que sucedería en el lugar –vayan ustedes a saber por qué el agente se saltó la cadena de mando y cómo tenía el teléfono de Morales-.

El presidente reconoció que las menores fueron encerradas “bajo llave”, por lo que no pudieron salir del recinto, pereciendo quemadas o asfixiadas; esto plantea algo muy grave, porque se podría hablar por lo menos de homicidio.

La poca sensibilidad de Morales ante el dolor ajeno, derivada de su enciclopédica ignorancia, le hizo reaccionar indolentemente; pues se extrañó y evadió responsabilidades, incluso en el comunicado señala al Estado en tercera persona –siendo parte fundamental del mismo- y en CNN su actitud serena –pésimamente estudiada- denotó esa indolencia.

La gestión que hizo de la crisis, ha exacerbado la animadversión que genera ese vacío de poder causado por su impericia, pusilanimidad y evasión para gobernar.

Morales encarna ese segmento de la población urbana, que con un cinismo práctico: etiqueta, desprecia y cosifica. En ese sentido, tiene una inobjetable representatividad de una parte importante de la población, el problema, es que se trata de la más ruin en nuestra ciudadanía.

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