Deconstruyendo la corrupción

El nuevo terremoto desatado por el MP y la CICIG en el caso denominado “Construcción y corrupción” es otro de tantos corolarios en nuestra penosa situación social.

Cuando comienzo a escribir estas líneas, está la tele encendida, son las 23:03, inicia el programa del pastor Cash y vino a mi mente que es un ávido jugador de golf, imagino que sigue el ejemplo de su mesías –quién al parecer perdió en un stroke play contra Poncio–. Recuerdo cuando ungió como rey David redivivo a Otto Pérez y reina Mical a la vice consorte. A cambio, recibió como obsequio una bandera gigante que sobrepasó los US$50 mil.

Si de algo se puede preciar el gobierno anterior es que unió en la corrupción a todos los sectores del país. Protegió a narcos que aportaron para la campaña, se asoció con capitales emergentes para comprar un periódico, exmilitares jerarcas de las cárceles, sindicalistas cooptados, figuras prominentes de la Guerra Fría reverdecieron laureles en las aduanas, importadores farmacéuticos, magistrados de las cortes, banqueros y una variopinta fauna. Ahora, surge con estruendo el sector de la construcción; que sin lugar a dudas se convierte en un duro golpe para la imagen del sector privado.

Dicen que no hay peor cuña que la del mismo palo; es muy desafortunado que integrantes del empresariado acusen a un funcionario del mismo estamento, pues se trata del expresidente de la Cámara de la Construcción señalando a Alejandro Sinibaldi; una de las apuestas que la iniciativa privada tradicional impulsó cuando el Partido Patriota era la panacea para alcanzar el poder.

Ese canibalismo entre sindicados, alcanzó al movimiento político que se perfilaba como el próximo proyecto para recoger el estandarte. Es aún muy temprano para un control de daños.

Cada vez que la campaña contra la intervención extranjera acrecienta, surge otro caso de corrupción que sería imposible ventilar con el sistema anterior; es decir, sin la CICIG. Para nadie es agradable que lleguen foráneos a ordenarnos la casa; empero, como he dicho anteriormente: ¿Lo hubiésemos hecho solos? ¿Se habría destapado todo lo que ha acontecido? La respuesta es más que obvia y lo peor es que todo siempre se supo.

Así como es importante la subsidiariedad del Estado en el caso de nuestras poblaciones vulnerables, el sector privado es fundamental para la generación de empleo y riqueza en el país. Por ello, es imprescindible para la dirigencia sana desmarcarse de todo lo que subyace. La corrupción ha unido a los personajes más disímiles e incluso antagónicos; cuando se trata de proteger privilegios y estructuras, la izquierda se junta con la derecha. Si una lección se puede aprender de todo lo ocurrido hasta hoy, es que la corrupción es la amalgama de distintos cuerpos clandestinos dentro y fuera del Estado. La progresión del sistema corrupto llegó a su cénit en estos tiempos.

Es importante que las élites erradiquen la vieja usanza de “es un bagre, pero es nuestro bagre” y recurro a ese término para no referirme a la procedencia del sujeto. Cuando esto pueda suceder, se podrá dialogar francamente sobre los cambios de fondo que necesita el país; de lo contrario, siempre serán partidas de póker entre gitanos.

Nuestra sociedad ha sido reflejada en su faceta más tétrica, quizá por ello choque tanto y se tenga tanta animadversión contra los que señalan; sobre todo en aquellos que perdieron la zona de confort obtenida gracias al statu quo.

Terminó el programa del pastor que se vio obligado a devolver el célebre pabellón nacional, que el dios de la prosperidad les bendiga.

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