Encendidos en patrio ardimiento

Por razones de trabajo, debí viajar el jueves pasado al oriente del país. Para recorrer 165 kilómetros de ida hice 6 horas y de retorno fueron 7. El gobierno anterior saqueó al ministerio de Comunicaciones y el actual ha mostrado una ineptitud tan precaria, que ahora se inauguran proyectos de rehabilitación de carreteras. Ya solo falta que el presidente solemnemente corte la cinta simbólica cuando inicien los trabajos de bacheo en alguna autopista.

El lunes salió un nuevo estudio donde se coloca a Guatemala entre las 10 naciones más desiguales y las 8 más violentas. Es por ello, que cuando veo en redes a aquellos encendidos en patrio ardimiento queriendo recuperar Guate, me pregunto: ¿Qué es precisamente lo que se desea recuperar?

Algunos afirman que quienes escribimos criticando lo que aquí ocurre quizá vivimos del conflicto y no queremos a Guatelinda. Otros legítimamente buscan promocionar lo bueno que tenemos y obvian lo malo, desgraciadamente, están sirviendo de tontos útiles a los que han mantenido un statu quo que nos tiene sumidos en el subdesarrollo.

Qué clase de país podemos ser, si se deprime la inversión privada por meter a la cárcel a funcionarios corruptos y uno que otro empresario que se ha coludido con esos mismos individuos. El capital sano y competitivo requiere de transparencia para afincarse en una nación, de lo contrario, abandona la plaza o no elige destinos caracterizados por la opacidad y corrupción. Si es por casos como la Línea, Construcción y Corrupción, persecuciones fiscales por actividades que desde hace años eran conocidas -como el subsidio del Estado a algunas compañías por la devolución fraudulenta del IVA- y un largo etcétera; entonces el modelo no era sostenible.

Los que se rasgan las vestiduras, pretenden hacer ver a la Guatemala de hace 4 años como Finlandia, cuando es bien sabido que el dispendio de privilegios en que se convirtió al Estado ha generado tal corrupción, que ahora el proyecto está totalmente agotado.

Tenemos un crecimiento poblacional desmesurado, la mitad de los niños desnutridos –que será una minusvalía para el resto de sus vidas-, escasez de servicios básicos, ríos y lagos contaminados, el deporte podrido; entonces, la pregunta del millón es: ¿Quiénes permitieron todo esto? La respuesta reside en aquellos que apostaron por los gobiernos que hemos tenido, aquellos que financian la eternización de privilegios, los que no pueden competir en igualdad de condiciones y por ello buscaron subterfugios en el Estado. Quienes pudieron hacer el cambio y no quisieron.

Los encendidos en patrio ardimiento quizá deberían pensarlo dos veces, pues lo que antes teníamos y seguimos teniendo, es una triste realidad que nos escupe a la cara con estadísticas escalofriantes. Nunca depuramos a nuestra sociedad, jamás se le dio la espalda a los sinvergüenzas y el enriquecerse con trampa fue sinónimo de éxito, la corrupción se relativizó porque se instaló en todos los estamentos sociales. Por eso, muchos son indulgentes con el asunto del financiamiento ilícito al presidente o sus cheques; no obstante, en un país de primer mundo hace rato hubiera renunciado, aquí se le consoló.

Algo debía hacerse y fue la comunidad internacional quién dio el paso, ante la indolencia de las élites. Es triste y quizá indignante, pero el “Ancient Regime” nunca quiso morir y debió ser foráneo ese revulsivo. Ahora el nacionalismo es el último refugio, la soberanía que nunca existió es invocada por los alfiles que son sacados del juego y seguimos sin remontar más que el cóndor y el águila real.

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