De Coniuratione Catilinae

Hoy 15 de noviembre, hace 2054 años, se declaraba “hostis publicus” al celebérrimo Lucio Sergio Catilina; protagonista de la decadente República Romana. En los nacientes años del tercer milenio ha sido relegado al ostracismo del olvido, por el océano de información en que el mundo ha sido sumido ante la vorágine informativa que la revolución digital propició. Los clásicos hoy son retomados solo por citas encontradas convenientemente en la red, para dar un toque intelectual a cualquier sandez que se desee publicar.

Salustio es el narrador que nos relata la “Conjura de Catilina”. Expulsado del Senado, partidario de César; el escritor sabino fue rehabilitado gracias al magnífico general romano, por poco tiempo, pues lo ocurrido en los “Idus” de marzo le obligó a jubilarse anticipadamente para dedicarse al oficio de historiador. Catalogado como el narrador más conciso y claro de la antigüedad, Salustio se inmortalizó cuando su obra sobrevivió a la oscura edad media, invasiones, incendios, siglos de siglos, curas incultos, abandono y copistas descuidados. No corrió tal suerte Enio, Varrón, Livio Andrónico, algunos libros del mismo Aristóteles y tantos antiguos de quienes apenas conocemos algunos fragmentos o solo los títulos de sus escritos a través de otros textos.

En estos tiempos de vértigo y populismo, la “Conjura de Catilina” es una prueba irrefutable que los seres humanos no hemos cambiado en gran medida, nuestra naturaleza siempre es la misma; el individuo siempre es y será “Homo lupus hominem” como diría Hobbes. La costra de civilidad de las últimas décadas es muy débil, esto lo ratificamos con las dos grandes guerras y las continuas injusticias que ahora conocemos mejor por la “mass media” que diariamente nos trae los
conflictos del orbe.

Salustio en el capítulo X de su libro, nos describe sobre la sociedad romana: “…la avidez subvirtió la lealtad, rectitud y cada virtud; en cambio, educó a la arrogancia, la crueldad, el descuido de los dioses; hizo considerar todo en venta. La ambición forzó a muchos mortales a volverse falsos, en tener una opinión en sus labios y otra en sus corazones, en estimar amigos y enemigos por la conveniencia, a parecer buenos en el aspecto más que en el ánimo, ello se esparció como una peste, el gobierno que debió ser del justo y honesto se hizo cruel e intolerable”.

Más adelante, narra lo que ocurría entre la nobleza y la plebe: “…contra ellos –la plebe–, con cada medio, luchaba gran parte de la nobleza, en apariencia para defender al Senado, en realidad era por los propios privilegios. Porque, para decir la verdad en breve, desde entonces todos aquellos que desbarataron al Estado bajo honrados pretextos, unos por defender los derechos del pueblo, otros por reforzar la autoridad del Senado, simulando el bien público, luchaban cada uno por el propio poder”.

Surge el populista entonces, el oportunista, Catilina; hombre descrito por Salustio como alguien de gran energía intelectual y física, ánimo temerario, versátil; en cada cosa simulador y “disimulatore”; pródigo de lo propio, ardiente de las pasiones, de bella locuacidad y poca sabiduría. Se postuló en el Senado para ser electo como cónsul, al no lograrlo, buscó el poder a través de un golpe de Estado planeando el asesinato de Cicerón. Falló en el intento, pero sentó las bases para la mutación del sistema por medio de la aniquilación de la república.

La vigencia del texto causa perplejidad, compárelo usted con el populista del momento, o mejor aún, prevea lo que podría pasar en nuestro entorno; el caldo de cultivo está en su punto.

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