Pajas

La reacción de aquellos que buscan frenar la lucha contra la corrupción era algo previsible y acontece por estos días. El hecho de aliarse con personas que hasta hace poco eran enemigos jurados y de lo peor, solo nos ilustra la contradicción acojonante que tenemos en la burbuja de Miwate.

Vemos a todos aquellos que dijeron un día “con este nunca, con esta jamás” haciendo alianzas que fueron otrora impensables. Eso nos ilustra que Guatemala realmente está en una etapa pre-ideológica, aquí nunca hubo izquierdas y derechas, lo que siempre existió fue el sistema conservador de statu quo versus aquellos que buscaron de una manera u otra acabar con privilegios que han llevado a la dramática situación actual de pobreza extrema, desnutrición y mortandad.

Los números son el adversario lapidario que en formato de estadística contrastan y nos enseñan como espejo de cristal de roca la precaria situación del país.

La CICIG es algo que pedimos al declararnos impotentes en la lucha contra la impunidad. Es irónico darnos cuenta que aquí durante los últimos 40 años –sino más– la izquierda jamás gobernó. Solo prevaleció el conservadurismo que tiene un modelo basado en la subsistencia de los privilegios con el decisivo contubernio del Estado; eso es más aproximado al nacional-socialismo que a un esquema basado en la competencia en igualdad de condiciones.

Todo lo que se aprende en universidades pro libre mercado, empresarialidad y la perorata que muchas veces encontramos en la cola de las cajas de los supermercados, simplemente colisionan con la realidad imperante y se desvanecen con el proteccionismo a sectores. No puedo evitar recordar cómo ante la Corte de Constitucionalidad el sector empresarial organizado apoyaba al ente regulador del comercio del café y defendía la imposición de un arancel del uno por ciento a las exportaciones del aromático. Ese quizá es el mejor botón de muestra para ilustrar las hondas y escandalosas contradicciones que las élites económicas manifiestan y que les deslegitima al buscar defender un concepto tan noble como lo es la actividad empresarial.

El monopolio disfrazado en una asociación de caficultores simplemente es una entidad estatal manejada por particulares que privatizan un impuesto –que golpea directamente la competitividad del sector– y se convierten en otro costo para los productores que a duras penas logran comercializar un commodity que desde hace algunos años vive su peor época en el mercado mundial.

Otro ejemplo podemos observarlo en relación a que nuestro país es el único que no tiene una ley antimonopolios –aquí se le ha llamado la ley de competitividad– pues no es conveniente para los que no desean competir.

La autenticidad de la dirigencia se ve minada cuando los maquileros luego de 25 años exentos del pago del Impuesto Sobre la Renta –con la excusa de alcanzar niveles de competitividad a nivel mundial– ahora logran otros diez años de exención convirtiéndose en ciudadanos de primera y categorizando al resto como simples guashqueros. Lo mismo podemos decir de las iglesias y colegios. Quizá caiga en los tamaños de muchos, pero esa es la realidad de Guatemala.

Hasta que logremos despojarnos de intereses ocultos en el debate nacional entonces podremos lograr acuerdos de país, si continuamos igual, siempre será un pacto de los gitanos más poderosos contra aquellos que quieren pero no pueden.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s