Guatemala es para prevalecer, no para competir…

Una vez más acabamos de comprobar que solos no podemos, que la mezquindad aquí es interminable y las ventajas conseguidas a costa de la mayoría pertenecen a una cúpula que primero ve por el derecho de su nariz y luego el diluvio para el resto. La semana pasada Centroamérica firmó un tratado de libre comercio con Corea del Sur, una medida acertada, de aquellas que cacarean los libertarados de Miwate; pero las consignas son intercambiables -cuando nos viene competencia o acuerdos que amenacen el statu quo- por un repentino, oportunista y patético nacionalismo, el cual se convierte en estribillo de un discurso vacío, aporístico y paradójico.

Resulta que Miwate fue el único en no firmar el acuerdo, debido a que ciertos sectores decidieron no competir; incluso los coreanos ofrecieron darles ‘“15 años de ventaja”’ para que se volvieran competitivos concediendo que productos como cemento, plásticos y bebidas entraran al mercado local hasta el 2035.

Nada les pareció. ¿Para qué? Esta es la típica forma de ver al país como una finca, un mercado cautivo al que se le restriega en la cara el equivocado concepto que le hacen el favor a la nación generando empleo. Nada más lejos de la realidad, pues la motivación empresarial es el lucro y no hay reproche al respecto; no obstante, por esa sacrosanta generación, el vulgo debe ceder a los paterfamilias descendientes de fundadores: espacios en teatros, anfiteatros y estadios –la plutocracia de la naciente república romana en pleno siglo XXI–.

Convivimos en realidades actuales y anacrónicas simultáneamente, el sector privado organizado nos muestra una vez más porqué el empresariado en América Latina tiene tan mal nombre; sucede porque las virtudes principales de un emprendedor que son el riesgo y la competitividad están ausentes en grandes sectores de la actividad económica. Ello lo sustituyen con pagos de campañas, mordidas, políticos a sueldo y tanques de pensamiento muy limitados intelectualmente, los cuales, deben ajustar sus postulados cada vez que se evidencian los deplorables privilegios generadores de las abismales diferencias sociales. En el sector café, varios exportadores ya tienen presencia en el mercado coreano, ahora este producto deberá pagar el 30 por ciento de arancel con respecto al aromático hondureño. Adiós a ese mercado. Por su parte, el ente regulador y supuestamente defensor de la caficultura que cobra el uno por ciento a todos los productores que comercializan su cosecha en el exterior –de lo contrario no subsistiría ni un mes– no ha dicho ni pío; como también poseen privilegio, mejor nos tapamos con la misma chamarra. La existencia del clientelismo en sindicatos y movimientos sociales surge porque quieren mamar de la teta del Estado al igual que lo ha hecho un grupúsculo durante generaciones “si ellos lo hacen por qué nosotros no”. El sistema se ha convertido en un dispendio de privilegios que nos tiene en el fondo de las estadísticas en desarrollo. Recordemos que el último gobierno de izquierda aquí tuvo lugar hace más de 60 años. El término anglosajón “conservatives” nada tiene que ver con los conservaduristas de estas latitudes, si bien el discurso puede ser similar para mantener las formas, las acciones son más parecidas a las del Politburó del partido comunista soviético, allí no se admitía competencia pues era su grupo el dueño de los medios de producción.

Por tal razón no fue raro ver a Codeca y las organizaciones de derecha extrema gritar fraude al unísono; en el fondo los extremos se tocan, son semejantes y quieren lo mismo. El subdesarrollo no es casualidad…

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