¿Socialismo en Roma antigua?

Recientemente, escuché al economista Jesús Huerta de Soto expresar que todas las causas de la caída del imperio romano que los historiadores han intentado explicar, no son ciertas, que la verdadera razón fue debido al socialismo, interpretado en la institución denominada “Anona” que se encargaba de repartir raciones de comida y bebida a los ciudadanos romanos. Los prefectos de la Anona llegaron a tal sofisticación, que durante el siglo II d.C. distribuían trigo, carne, aceite de oliva, pescado y vino entre otros alimentos.

Si bien soy partidario del libre comercio y me parece que no hay sustituto más eficiente al sistema -no regulado- de precios en la economía, creo que el dogmatismo de determinada escuela académica o ideológica puede causar que la historia se retuerza para demostrar postulados y no que los eventos te lleven a conclusiones.

La interpretación histórica de los materialistas es tan rígida y absurda como la de quienes también se ciegan en apriorismos inmutables.

Hablar de socialismo en los tiempos de Roma antigua es como referirse a Twitter en la época de Luis XVI. El catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos también se refirió al fenómeno inflacionario durante la etapa del imperio y según él, sucedía para sufragar el subsidio que los ciudadanos recibían con la Anona; afirmó que los campesinos dejaron de producir y todos emigraban a la ciudad para vivir del Estado.

Querer creer que algo ocurrió para probar tus puntos, es una cosa, que sea cierto es otra.

La caída de la república romana fue un evento que empezó a gestarse por las deudas y falta de tierra que los legionarios sufrían a su retorno de las múltiples guerras que enfrentaba la urbe; los Gracos fueron el germen del cambio y tres generaciones después -primero Pompeyo con sus legiones y luego César- el régimen oligárquico se agotó hasta sucumbir con el principado.

La figura del “prínceps” cuyo significado es: primer ciudadano del Estado y “primus inter pares”dentro del Senado, fue la criatura que parió esa larga guerra civil que vivió algunas pausas.

La república de fachada que Augusto instauró, residía en el mando que ese primer emperador poseía a través de dos magistraturas: la “tribunicia potestas” -el poder de veto e inviolabilidad que gozaba el tribuno de la plebe- y el “imperium” sobre las legiones. El Senado en apariencia estaba intacto, pero el poder real ya se encontraba en otra parte.

Los césares engrandecieron la hegemonía de Roma y el periodo de los 5 virtuosos -Nerva, Trajano, Adriano, Antonino y Marco Aurelio- que por circunstancias del destino coincidieron en sucesiones inmediatas, fue el de su máximo esplendor. La revolución industrial nunca llegó y fue sólo por la oprobiosa institución de la esclavitud.

Trajano cometió el error de expandir las fronteras enormemente y eso demandó recursos en demasía para las legiones que debían defender los confines del imperio.

En el siglo IV Roma llegó a tener 20 frentes de batalla simultáneos -emitiéndose moneda sin respaldo para afrontar tales costos-, Septimio Severo había prohibido el servicio militar para los ciudadanos romanos, Diocleciano formó la tetrarquía que no duró ni un suspiro y Constantino dio el golpe de gracia al trasladar la capital a Bizancio.

Lo anterior fue adosado con la nueva religión que desvinculó al ciudadano romano con su Estado, el cual, a través de los ritos y misterios de los cultos oficiales cohesionaba a Italia.

La Anona fue una consecuencia del progreso de Roma, no la causa de su destrucción…

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