La religión no puede ser un argumento académico.

Somos eco de todo lo que ha acontecido, durante milenios; desde las primeras reglas de convivencia documentadas en el “Código de Hammurabi”, la gesta heroica del “Cantar de Gilgamesh”, hasta la repetición de la ideología tripartita dentro de los pueblos indo-europeos descrita magistralmente por Georges Dumézil; donde druidas, flaiths y los bó airig celtas; tienen rasgos comunes con los Ramnes, Luceres y Titienses de la Roma arcaica; es decir, somos el resultado de la suma ancestral, que a su vez, nos convertirá en factores de nuestros futuros descendientes. Esa es la caravana eterna que tantas interrogantes ha generado en científicos, pensadores y filósofos.

La hierofanía siempre ha sido un factor que genera y centrifuga poder en toda civilización; los denominados “sácer” por los romanos -de donde deriva el término “sacerdote”– han estado presentes en las sociedades a través de la historia; variando su poder en dependencia de las circunstancias.

Algunos afirman que es depositaria de una moral que asegura la supervivencia de la especie, referida al conjunto de costumbres que garantizan el progreso social.

Lo anterior es cierto sólo en parte, pues el estamento religioso siempre ha sido cuentadante de grandes atrasos y en nombre de las religiones se cometieron crímenes contra poblaciones enteras.

Un dato interesante es que previo a la prevalencia del monoteísmo sobre el mundo occidental, nunca hubo en la antigüedad una guerra por motivos religiosos. En el mundo greco-romano las divinidades se integraban al “Pantheon” de la urbe y no existía la imposición de una sobre otra. Los conflictos del tardo imperio con los cristianos, ocurrieron ante la negativa de estos en aceptar los ritos de la religión del Estado, la cual, nada tenía que ver con la confesión personal. Muzio Scevola decía que hay 3 clases de religión: La de los poetas y escritores -Júpiter y sus andanzas-, la del Estado -ritos jurídicos para aprobar leyes o guerras a través de los sacerdotes feciales- y aquella que descubres tú mismo a través del estudio y los libros.

Maurizio Bettini afirma que las religiones monoteístas confundieron “divinidad” con “unicidad” y la relación entre éstas se coloca en términos de “verdadero” y “falso”. Dicha distinción -mosaica- ha generado toda clase de conflictos que derivaron en terribles enfrentamientos entre cristianos y paganos, musulmanes e infieles, protestantes y católicos, así como un penoso etcétera que ha dividido a familias y sociedades.

El cristianismo actual es obra de Pablo de Tarso, que desterró el sacerdocio femenil -muy importante durante la primera época- y debió agregar un andamiaje lógico a un movimiento sin base intelectual, tomando prestado de los griegos -específicamente de Platón-. La coronación de María siglos después, fue la correspondiente suplencia de las divinidades femeninas que siempre estuvieron presentes en todas las civilizaciones.

Si bien la ética cristiana ha destacado ciertos valores, también los padres de la iglesia son en gran parte responsables del rezago que padeció la humanidad en el medioevo; la acción filosófica de “cuestionar” era un producto pre-cristiano que solo retornó con el renacimiento.

Esgrimir razones religiosas milenarias en la academia para atacar el matrimonio del mismo género o la emancipación femenina por derechos que les son inherentes como seres humanos; es caer en las manos de Ambrosios, Tertulianos, Cirilos o Jomeinis.

Si la ciencia no tiene todas las respuestas, la moral religiosa no sustituye las verdades científicas; esta falla… y no pocas veces.

Un comentario en “La religión no puede ser un argumento académico.

  1. Luis Alfonso Gonzalez

    La religiones son manejadas por personas que efectivamente pueden equivocarse, mas los principios básicos de la naturaleza humana no hay duda. No se podría esperar que se quiera formar una familia con personas del mismo sexo, ya que no se puede esperar que se forme lluvia con fuego.

    Pero sin quererlo contradecir y es que se equivocaron esas personas en el pasado, yo puedo pensar lo mismo y estar claro que usted también puede estar equivocado.

    Saludos cordiales,

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