La ética en tiempos de pandemia

Cuando la Unión Europea destinaba una buena suma de dinero para los inmigrantes africanos que llegaban a Lampedusa, un grupo de napolitanos se hicieron pasar por refugiados marroquíes para cobrar las asignaciones monetarias; por su parte, el millonario Rodney Baker y su esposa viajaron desde Vancouver a Beaver Creek en Yukón, fingiendo ser una pareja que trabajaba en la zona para vacunarse contra el Covid-19, pues el gobierno había reservado un lote para la comunidad indígena de la región.

Gran indignación generó la información sobre varios estudiantes de una universidad privada que habrían aprovechado la disponibilidad de las vacunas para la facultad de medicina, sin estar en la primera línea de contacto con los infectados.

El comunicado de la rectoría fue muy desafortunado, pues desde el punto de vista deontológico no podría justificar un hecho que si bien no era ilegal, éticamente muy censurable.

La hidalguía en una situación como la que vivimos es una virtud muy apreciada bajo estas circunstancias, sacar ventaja con respecto al resto es un talón de Aquiles que precisamente las teorías del libre mercado no han podido solucionar; al igual que la ingenuidad de Marx cuando resuelve la asignación de recursos en la sociedad sin clases, planteando que cada quien tomará lo que necesite y dará lo que pueda. 

El sistema de precios regidos por la oferta y la demanda es el mejor método para asignar recursos; no obstante, la perfección de este esquema solo es bajo la condición ceteris paribus -si las circunstancias no cambian-. El problema ocurre cuando logras una posición de ventaja y ello te sirve para poner obstáculos a tus competidores, es en ese momento que la regulación debe intervenir.

Un amigo me envió un meme de la película Titanic donde los de primera clase buscaban abordar los botes destinados para el resto del barco, obviamente en condiciones como la que vivimos es que la ética se convierte en oro colado para salir de la crisis.

La innovación tecnológica gracias a la libertad de emprender se comprueba con la rapidez del desarrollo de las vacunas; paradójicamente, deben ser los gobiernos quienes las distribuyan para que aquellos con mayor capacidad económica no violen derechos fundamentales como el acceso a la salud para la población.

La actual pandemia ha evidenciado las graves adolescencias de la humanidad y simultáneamente su misma grandeza, aquellos que buscaban la reducción del Estado por sobre todas las cosas han debido ceder ante la importancia que reviste para eventos como este. Aquellos dogmáticos de religiones y teorías económicas guardan un embarazoso silencio ante el manejo que distintos países han dado a la emergencia; mientras Cuba será el primer país latinoamericano que desarrolle su propia vacuna, Chile es el más exitoso en vacunar a su población.

Las fórmulas mágicas no existen, los paradigmas en la acción humana siempre son relativos y las motivaciones de las personas muchas veces insondables; no obstante, la ética siempre será una en la convivencia social.

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