¡Vacunen a todos!

El sistema de salud inglés fue el último de Europa que aprobó la vacunación a personas desde los 12 años. El Reino Unido está saliendo de la crisis sanitaria, aún cuando en un principio, al ignorar la pandemia, Boris Johnson integró el trío Los Panchos de gobernantes idiotas en el primer mundo -Bolsonaro el requinto y voz líder Donald Trump-. El mandatario británico sufrió en carne propia los embates del virus y debió ser internado; con 600,000 muertos a cuestas, Donald Trump perdió la reelección -incluidas ambas cámaras- y Bolsonaro seguro terminará preso en un Brasil asolado por la peste.

La periodicidad de las pandemias es de un siglo desde hace tiempo, la gripe española desató toda su malignidad hace exactamente 100 años, una centuria antes, el cólera acababa con Europa y Estados Unidos; en el siglo XVII la peste negra volvía por enésima vez a cobrar su tangente en vidas humanas y la gente a base de prueba y error buscaba como sobrevivir a los designios de la naturaleza.

De no ser por la ciencia actual, el orbe enfrentaría la tragedia humanitaria en dimensiones inimaginables. Estamos presenciando un hecho histórico, pues es la primera vez que un evento así no es tratado desde un ángulo religioso; las excepciones confirman una regla que se atiene a la evidencia y no a mercachifles que solo ofrecen antídotos ilusorios contra la incertidumbre.

Guatemala es el anacronismo por antonomasia, el analfabetismo funcional supera la mitad de la población y prevalece un pensamiento mágico -alentado deliberadamente- para mantener un statu quo vergonzoso ante el mundo; el país vive la pandemia como se preveía desde un principio: hospitales saturados, gente muriéndose en las calles y un negocio oscuro que jamás debía tocarse por ser alas de mariposa -la adquisición de las vacunas-.

Ahora estamos en el atolladero pronosticado hace 18 meses, todo a causa de una sociedad que reemplaza convenientemente un sistema de salud decente por teletones y donativos deducibles de impuestos; somos magníficos en ayudar a damnificados y perversos cuando se busca cambiar el sistema. Lo anterior, es parte de esa hipocresía típica de las sociedades comandadas por unos pocos que se conmiseran con los descalzos; estos a su vez, por esa ingenuidad lastimera de la indigencia, agradecen la prolongación de su miseria.

En esta precaria situación, lo único que queda es aprovechar las 2.5 millones de dosis donadas por el gobierno de los Estados Unidos y vacunar a todo guatemalteco desde los 12 años; ayer Jairo Flores tuiteaba que estaban por vencerse en pocos días, de ser eso cierto, sería imperdonable y el epitafio de este gobierno.

El tren del toque de queda ya se fue, el distanciamiento social y uso de mascarillas debe continuar hasta lograr la vacunación en un 90%, el gobierno deberá presionar como pueda a los rusos para la llegada mínima de otros 3 millones de dosis y adquirir más de Pfizer, Moderna o Astra Zeneca. La devolución del dinero y deducción de responsabilidades deberá suceder en su momento; mientras, debemos actuar sin dilación.

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