Cuando despertó, la Capitanía General todavía estaba allí

Un día como hoy hace dos siglos, la mujer de un político criollo quemaba cohetes frente al palacio de gobierno celebrando que funcionarios españoles, locales y el clero; declaraban la independencia de España en un texto cuya parte más ominosa expresa: “…siendo la independencia del Gobierno Español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el señor Jefe Político, la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían terribles, en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”.

La anexión a México costó Chiapas y Tabasco, después cedieron Honduras Británica a los ingleses por una carretera que nunca construyeron y -de ser poco- los guanacos nos quitaron Sonsonate. El marqués de Aycinena se quejaba en el Toro Amarillo de la deslealtad salvadoreña y en su respuesta contra el editor del “Centroamericano” se describía a sí mismo: “no soy teólogo, y lo digo con sentimiento, porque esta profesión me haría mucho honor en esta tierra de bendición, donde la moral y pureza del culto cristiano merecen un respeto tan grande, como no se lo ha imaginado el que por afectar un espíritu filosófico que no tiene, habla con desprecio de lo que no entiende”.  Esto opinaba en tierra masónico-protestante el orondo obispo in partibus de Trajanópolis que entregó la educación guatemalteca a la iglesia católica en el concordato de 1853; incoherente ante litteram de epígonos pacotilleros que ahora son definidos como miwatecos

Sembraron lluvias que germinaron las tormentas de ahora; ultraconservadores disfrazados de liberales contra ultraconservadores llegados antes, disputándose el monopolio de añil y café. La única ventaja comparativa para ambos fue la mano de obra gratis. 

Racarrarraca le decían al monigote cachureco y Barrios era fantoche de García Granados; posteriormente Estrada Cabrera empezaba los bussiness con la United al cobrarles tasas ridículas en tierras subvaluadas. En los tiempos de la Gran Depresión, el“liberal” Ubico se resistía al siglo XX; por cierto, hace poco un supuesto profesor de economía -más anacrónico que un Betamax en Silicon Valley- encomió la austeridad ubiquista. Únicamente donde la competencia académica es precaria se puede cometer tales ligerezas.

Guatemala entra al nuevo siglo con la revolución del 44; el país tuvo la mala pata de los Dulles en los Estados Unidos y se trunca el cambio que hubiese podido hacer la diferencia.

El establishment utilizó al ejército para la perpetuación de un modelo inviable basado en el proteccionismo y privilegios, fue el brazo para preservar a sangre y fuego el Crony capitalism chapín. Cuando termina la guerra fría, ya no son útiles, es entonces que empieza el financiamiento serio de políticos para continuar el statu quo.

Estadísticas que nos tienen en el sótano del desarrollo, desnutrición, racismo, corrupción galopante y una élite decimonónica que se enseñorea en la ciénaga: son magros saldos de estos 200 años. Cantar el himno en un supermercado quizá sea un adecuado corolario.

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