El juego a perder del Zar

Algunos fachos miwatecos aseguraban hace unos días que el asunto de Ucrania era un montaje de los Estados Unidos, querían inventar una guerra para dinamizar su economía; otros hablaban de una conspiración urdida por los chinos, rusos y norteamericanos cuyo objetivo era subir los precios del petróleo. La parroquial fascinación por los dictadores en la burbuja, es algo nítidamente manifiesto con la admiración de Trump y Putin, la democracia poco importa; un absolutista que preserve el statu quo es el whishful thinking que exuda una parte de la élite dispuesta a sacrificar cualquier convicción, con tal de mantener el régimen de privilegios. Por otra parte, algunos chairos justifican esta agresión y simultáneamente condenan lo que ocurrió aquí en el 54; ambos bandos son casi indistinguibles, todo es tercermundismo puro.

El mundo cambió, nadie quiere una guerra, el señor Putin cometió graves errores de cálculo y creyó que la invasión a Crimea sería un libreto que se repetiría en Ucrania; en mi artículo anterior, mencionaba el caso de Chamberlain con los Sudetes, en esta ocasión, para sorpresa del ex KGB, la OTAN no se dividió -esa era una de sus apuestas-, la respuesta fue más contundente de lo esperado, tampoco pensó que sería expulsado del sistema SWIFT y menos que China se abstendría de votar en el Consejo de Seguridad de la ONU.

La reacción del presidente Zelensky conjuntamente a la resistencia de los ciudadanos ucranianos fue un imponderable que trastocó el plan; ahora, la invasión relámpago es agua pasada; mantener la ocupación será una desgastante guerra de guerrillas. La Unión Europea y Estados Unidos por primera vez en la historia suministran financiamiento para un conflicto armado.

Europa no sufría un incidente así desde la segunda guerra mundial, las lecciones de Hitler están frescas en el inconsciente colectivo del continente y esto, tampoco fue previsto por la inteligencia del premier.

El cierre del espacio aéreo europeo fue otro golpe; definir a tu oponente es lo primero que debes hacer, esa partida ya la ha ganado occidente, es uno contra todos. La ocurrencia de una guerra injusta está en el imaginario del mundo, es David contra Goliat, la ambición hegemónica de un poderoso al querer recuperar sus fronteras perdidas, en contraposición a quienes defienden sus hogares.

El rublo se desplomó, los bancos rusos pasan graves problemas financieros y la tasa de interés subió al 20%; los oligarcas allegados han visto sus bienes congelados y presionan para el desestimiento. La alerta nuclear se percibe como un amago desesperado ante resultados tan adversos y empieza a cuestionarse la cordura del neo-zar.

Tras la agudización de la crisis y el consecuente descontento de la población, es posible que pueda ocurrir un fenómeno como el golpe de Yanayev en 1991, cuando los generales dieron la asonada a Gorvachov por 3 días; la diferencia hoy es que Putin no las tiene consigo.

En una guerra todos pierden, unos más que otros; por lo que se ve, la imperial águila bicéfala cargará con la mayor cuantía.

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