El desliz del pastor simoniaco

Una de las muestras más nítidas de la miseria humana la vimos en el reciente comentario de un célebre pastor teólogo de la prosperidad, quien en una ocasión aseguró que a Dios se le alababa con la biblia y la chequera. Este individuo que tranquilamente podría ser la viva reencarnación de Simón Mago -el personaje del Nuevo Testamento que tras darse cuenta del prodigio de los apóstoles al hacer descender el Espíritu Santo con la imposición de manos “…les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí esta autoridad, de manera que todo aquel sobre quien ponga mis manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Que tu plata perezca contigo, porque pensaste que podías obtener el don de Dios con dinero. No tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios”. Hechos 8:18-22– es de lo más abyecto que se puede encontrar en la fauna neo pentecostal. Su mensaje dejó entrever que la encarcelación de Chepe Zamora era una especie de castigo por las publicaciones de El Periódico sobre las relaciones que ca$h tiene con gente más que cuestionable y burlonamente dijo que se alegraba “solo un poquito” por su situación.

El hecho que un supuesto ministro cristiano muestre regocijo por la desgracia de un semejante, solo puede esclarecernos su ruindad como persona, ello está en las antípodas de lo que enseñó el mesías cristiano y debe ser transmitido a sus feligreses.

El fenómeno de la teología de la prosperidad ha desvirtuado totalmente las enseñanzas éticas contenidas en el cristianismo; parafraseando a Antonio Spadaro y Marcelo Figueroa, tratase de un antropocentrismo religioso cuyo centro es el hombre y el beneficio que pueda obtener, transformando a Dios en un poder a su servicio y la iglesia en un supermercado de la fe; como si la predilección divina fuese la opulencia y bienestar.

La promesa ultramundana es una dinámica comprensible como respuesta ante los sufrimientos y enigmas que nos aquejan en la vida; no obstante, lo burdo del show que este sujeto ha montado con sus exorcismos peor actuados que telenovela mexicana o la tragicómica escena con uno de sus pastores hablando en la lengua del Espíritu Santo, no causan risa solo por tratarse de un descarado aprovechamiento de badulaques.

La justificación del subdesarrollo guatemalteco por razón de una mala practica cristiana que solo puede ser rectificada en la iglesia de este individuo, es un excelente placebo para las élites que allí asisten buscando un bálsamo moral ante las terribles desigualdades en el país; no por mandato divino, sino debido a un modelo económico basado en el “capitalismo de amiguetes”.  

El pastor en mención es el cómplice idóneo que vende una fármaco-cristiandad “taylor made” de un sistema corrupto como el nuestro. Si el infierno dantesco existiera, ya estaría en el círculo de los simoníacos: “aquellos que no fueron esposos de la iglesia, sino adúlteros, lobos rapaces por avaricia y codicia del dinero que hicieron mercado de las cosas divinas”. Durante di Alighiero degli Alighieri, Divina Comedia, Infierno, canto XIX.

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