El invierno del zar

El 2 de marzo publiqué mi artículo “El juego a perder del zar” donde hice varias acotaciones sobre la invasión a Ucrania. Desde el escrito anterior, las sorpresas no terminan de suceder, pues las extremas derecha e izquierda europeas se han visto con un embarazo más grande que una parturienta de quintillizos al haber conminado a Zelensky rendirse para ahorrar vidas ucranianas. Una lógica que de ser aceptada en 1939, tendría a la descendencia de Hitler aún gobernando el viejo continente.

La semana pasada, Matteo Salvini, líder de la extrema derecha italiana, sugería levantar las sanciones contra Rusia porque de nada servían y esto sería pagado en el invierno; ahora, debió retractarse por la andanada de insultos que recibió y podría salir muy caro a este bufón en las próximas elecciones.

Muchos creyeron que la máquina bélica rusa estaba perfectamente aceitada y sería cuestión de días, luego, se pensó había una genial estrategia para recomprar acciones de las empresas nacionales rusas a precios de quemazón para recapitalizar gratis al país, otros apostaron a una negociación suma-cero donde Putin impondría condiciones humillantes al vencido y ello le haría obtener una gran parte del territorio invadido.

Hoy, la contraofensiva ha permitido que más de 3,000 kilómetros hayan sido recuperados por las fuerzas de Ucrania y la humillante fuga del ejército rojo deja tras de sí evidencia de la precariedad en las condiciones y tecnología del que otrora fuera catalogado como uno de los más eficientes en el mundo.

El daño reputacional al ex KGB es de magnitud incalculable, la sustitución de India y China como clientes del gas natural se calcula reducirá las ventas en dos tercios para el 2027, se estimaba que Rusia crecería el 5% y ahora la proyección es de -4%, el fracaso del sistema de comunicación que permitió a la inteligencia ucraniana ubicar a sus enemigos, recurrir a tecnología iraní y norcoreana, la ineficiencia en la cadena de suministros y el inicio de un periodo caracterizado por la escasez en el gigante euroasiático; es el inesperado corolario para el zar, que al parecer, cayó en el trillado pero no por ello repetido error en que incurren todos los dictadores: eliminar a quienes te dicen la verdad y sustituirlos por mediocres que aplauden cualquier disparate.

Si García Márquez escribió “El otoño del patriarca” bien podríamos referir esta cuestión como el invierno del zar, pues lo que sería un renacer imperial sin comunismo pero con una dictadura apoyada por cierta oligarquía corrupta; se ha transformado en el churro militar más grande de los rusos desde 1979.

Falta trecho para el fin de este terrible conflicto y Putin aún podrían tener la última palabra; sin embargo, aprehender que las fuerzas de Zelensky llegaron hasta la frontera y en menos de un mes -tras asumir el comando del ejército ruso en Ucrania- el teniente general Roman Berdnikov fue destituido; muestran que las falencias de cálculo fueron colosales.

En un mundo globalizado, ya no hay enemigos pequeños; menos, cuando alguien legítimamente defiende su casa.   

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